World Association of Psychoalanysis

 

Las sesiones breves y la transferencia negativa

Vilma Coccoz

 

El argumento principal esgrimido por la IPA en las objeciones que planteaban al pedido de admisión en su seno por parte de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis era el hecho inaceptable de la práctica lacaniana de las sesiones breves. El relato de estos interminables años de entrevistas, informes, revela un diálogo de sordos. Cuando Lacan fundamenta su práctica públicamente, no recibe ninguna objeción. Cuando es entrevistado en privado por la comisión accede a explicarse. Sin embargo, se puede deducir que la decisión está tomada: Lacan debe acatar la norma standard y de nada importan los argumentos. Los motivos que exponen para condenar esta práctica son débiles pero sorprendentemente una y otra vez se alude a que Lacan no permite el análisis de la transferencia negativa. Para demostrarlo no escatimaron medios. Del contenido de las entrevistas que las comisiones de la IPA realizaban a algunos analizantes de Lacan extraían de forma artera la ocasional transferencia negativa para transformarla en prueba del cuestionamiento a Lacan en el seno del grupo francés.

El pacto de la sesión standard somete al analista a soportar la transferencia negativa aun en sus formas más virulentas y su "neutralidad" le obliga a permanecer el tiempo que esto dure inmune a los improperios, insultos y provocaciones sin otra posibilidad de intervención que la interpretación de la transferencia concebida como repetición o resistencia.

A falta de poder cernir lo real en juego en la transferencia y en la resistencia, sólo queda la vía de intentar trasladarlo a lo simbólico. Si en la función del tiempo de la sesión podemos distinguir su dimensión real y su dimensión simbólica es precisamente porque la presentificación de este real como resto resistente a la simbolización se opera en el corte de la sesión. Es una de esta las formas en que la experiencia analítica hace posible el acceso a lo real como radicalmente distinto de lo simbólico. Si este real se presenta como obstáculo, rebelde como tal a la simbolización y presencia del goce ¿de qué manera tratarlo cuando toma la forma de transferencia negativa de carácter resistencial? Si cualquier interpretación le confiere consistencia imaginaria, sólo el corte de la sesión puede incidir de tal modo de evitar la instalación de ese goce, del real en juego en la transferencia negativa. El analista apuesta a que retorne al sujeto como enigma respecto al decir que, aun connotado con un momento de angustia, conduce al análisis de la transferencia negativa por parte del sujeto, a la construcción del fantasma que la sostenía, revelándose entonces la vertiente productiva, fecunda de la transferencia negativa en su paso al análisis de la lógica que la subtiende. El deseo del analista es el operador en la medida en que, advertido de que la tolerancia al goce no destituye al Otro, no elimina la posible interminable alienación, toma por el contrario su incidencia de la separación a sabiendas de que su destino será la destitución del Otro de la transferencia. Es evidente que el famoso artículo 13 por el cual se prohíbe a Lacan conducir análisis didácticos es la concreción del rechazo a la potencia transferencial que generaba esta práctica cuyos principios conmueven, con efectos en cadena, la concepción de la transferencia, de la transmisión y de la política que anima ambas. En varios de los testimonios se pueden leer las advertencias ante lo que perciben como el nacimiento de un mito a quien hay que impedir por todos los medios legitimar en su lugar de excepción.

Lacan no retrocede y acepta las consecuencias de su acción, el carácter revolucionario de su concepción del análisis que le llevará a formular un modo inédito de asociación entre psicoanalistas cuyo modo de reclutamiento depende de la relación con el Inconsciente.

Bibliografía: J.A. Miller, "Lo real en la experiencia psicoanalítica", inédito.