World Association of Psychoalanysis

 

Una "psicosis freudiana" bajo transferencia

Vicente Palomera

 

Paradojas y antinomias

En la "Introducción" a su trabajo sobre Schreber, Freud plantea las
dificultades encontradas en la investigación psicoanalítica de las
psicosis. Después de abrir el capítulo de la clínica psicoanalítica con
psicóticos, no llega a parecerle evidente recibir a este tipo de
pacientes. Su tesis es simple: no son accesibles a causa del narcisismo,
se trata de sujetos que no tienen otro objeto que sí mismos. No
obstante, hay una paradoja: Freud hace esta observación en el momento
de señalar que la transferencia fue un factor desencadenante de la
enfermedad de Schreber, es decir, justo cuando se instaura una relación
de objeto.

De otro lado, Freud subrraya que no puede "tomar decisiones
psicoanalíticas" de la mera experiencia con tales pacientes ("aber das
reicht in der Regel nicht aus, um "analytische Entscheidungen" zu
treffen" (1)), es decir, aunque señala que puede estar justificado el
intento de análisis con estos pacientes, la cuestión relevante es
obtener conclusiones, o dicho en otras palabras: saber qué hace posible
la intervención del analista en dichos casos.

El hecho de que el analista pueda, o no pueda operar, con pacientes
psicóticos, no depende de su decisión ("Entscheidung"), o de su
voluntad, sino que depende de la estructura. En este sentido, Freud está
diciendo que no puede sacar ninguna conclusión analítica acerca de cómo
y por qué sería posible relacionarse con un psicótico. Planteada así, la
cuestión que Freud dejó inconclusa es: ¿de qué tipo de vínculo se trata
si, al tiempo, sabemos que es distinto del vínculo para el que se pensó
el dispositivo analítico? Si tenemos presente que el momento en el que
redactó esas líneas coincide con la época de los "escritos sobre técnica
analítica" (en 1911 y 1912), podemos decir que lo que Freud indica es
que no podía llegar a conclusiones analíticas que le diera una cierta
idea del lugar a partir del cual el analista puede situarse y operar en
la estructura.

Ahora bien, una primera respuesta a esta cuestión la encontramos ya en
su trabajo sobre Schreber. En efecto, al substituir el conocimiento
personal del enfermo por su historial, Freud toma partido por el escrito
del sujeto mismo en vez del historial psiquiátrico y, al tomar partido
por el discurso del enfermo, señala el camino a los analistas de no
hacer con los pacientes psicóticos menos que con los pacientes
neuróticos (no se trata tanto del conocimiento personal de los pacientes
como de escuchar lo que ellos dicen).

Cuando Lacan, en 1932, presenta los resultados de la "época freudiana de
la psicosis" escribe: "De acuerdo con la confesión de los maestros, la
técnica psicoanalítica conveniente para estos casos no está madura aún.
Es éste el problema más actual del psicoanálisis, y es de esperar que
encuentre pronto su solución, pues un estancamiento de los resultados
técnicos en su alcance actual no tardaría en acarrear consigo el
decaimiento de la doctrina (2)." Lacan despeja las tres "antinomias" del
tratamiento psicoanalítico de la psicosis (el narcisismo, la
transferencia y la interpretación) y plantea el problema sobre qué hace
posible la intervención del analista y la necesidad de responder desde
qué lugar el analista puede operar.

 

Un lugar para el analista: la "Eintragung"

Una de las primeras respuestas vino de Tausk. Sabido es que el retorno
del goce no transformado en libido de objeto es el problema que plantea
la psicosis. En 1914, Freud aclara que el yo narcisista es una envoltura
que, al caer, deja el ser de objeto del lado del sujeto, como presencia
ineliminable (el sujeto queda expuesto "a la intemperie", al saber de
todos).

En su artículo "Sobre la génesis del aparato de influenciar en el curso
de la esquizofrenia (3)", publicado en 1919, Tausk sostiene la
existencia de la posibilidad de una transferencia de libido en el sujeto
psicótico al subrrayar una diferencia entre la proyección sobre el yo
psíquico de la "proyección sobre el cuerpo". Ésta última es la que
vendrá a ser el soporte del "aparato persecutorio" esquizofrénico sobre
el que puede transferirse el exceso de libido.

No obstante, si el trabajo de Tausk está centrado más bien en la
dimensión imaginaria de la psicosis, dos discípulos de Freud, Landauer y
Nunberg, exploraron sus coordenadas simbólicas.

En un trabajo titulado "La técnica 'Pasiva'"(4), Landauer explica cómo
en el tratamiento de la esquizofrenia se puede hacer uso de un
"artificio" consistente en valerse de las formas de expresión en la
incidencia de lo real de las voces. Así, "en vez de dirigirse al
paciente en la primera o segunda persona", sugiere que el analista
emplee "la tercera persona o forma impersonal, para así llevar la masa
intrusiva del curso del pensamiento a la expresión". En otros términos,
Landauer explora los modos que hacen posible el advenimiento del
significante que haría de barrera al goce, y vaciar el goce del Otro por
la palabra.

Lo ilustra con mínimas varias viñetas clínicas de pacientes que
permanecían mudos en el dialogo directo, introduciendo la interlocución
y logrando que empezaran a hablar a partir de preguntas siempre en
estilo indirecto, del tipo "¿Se tienen que oir voces?" ("Muss man Stimme
hören?"), "¿Qué piensa en él?" ("Was denkt in ihm?"), etc.

El valor de esta observación es claro ya que nos introduce en la
cuestión de las modalidades en que el "tú" pierde su propiedad en la
psicosis. Es justamente en la psicosis donde el "tú" pierde la propiedad
fundamental de distinguir el enunciado y la enunciación, y que, al
perderla, el "tú" deviene un "él". La atención de Landauer recae sobre
la manera de tratar este "tú" que despersonaliza, un "tú" que, por no
apuntar a ningún sujeto, es equivalente a un "él". Sus observaciones
ponen de manifiesto que la determinación de los "shifters" en el
discurso del sujeto indica el lugar de la enunciación, es decir, son
índice de aquello que es lo más particular de la relación del sujeto -
en tanto ser viviente - con el lenguaje.

Landauer hace una segunda observación interesante al señalar que en la
psicosis más que hablar de "Übertragung" habría que hablar de
"Eintragung". Más allá de la oposición imaginaria a la que se prestan
los dos términos "Über"/"Ein", destaquemos que "Eintragung" en alemán
significa: "inscripción", "registro" ; y el verbo "eintragen" significa
"registrar", "inscribir", "asentar" en un libro de registro, o de
cuentas. Término interesante por acercar al analista a la posición de
"secretario", del encargado de registrar e inscribir los enunciados del
psicótico.

Más allá de la "técnica", éstas observaciones son totalmente pertinentes
dado que asignan un lugar al analista en el tratamiento de la psicosis,
un lugar que supone tener en cuenta dos parámetros articulados entre sí
: de un lado, que el analista esté totalmente ubicado en el
mantenimiento de la interlocución por un manejo reducido del "shifter"
y, de otro, considerar que la transferencia en la psicosis es un
"registro" donde el analista debe hacerse soporte del decir del
psicótico en tanto escrito. Esta idea de la transferencia en la psicosis
como "Eintragung" resuena en el empleo hecho por Lacan de la fórmula
"hacerse secretarios del alienado", como una de las posiciones del
analista en el tratamiento de la psicosis. Para Lacan hacerse secretario
del alienado supone utilizar la interpretación estrictamente en relación
a un texto que se escribe y ello desde un punto de vista lo más
sintáctico posible, sin utilizar más que los significantes que el sujeto
ha pronunciado en un determinado contexto.

En estos mismos años veinte, Nunberg presenta un primer testimonio de
una "clínica bajo transferencia" de la psicosis. Lo recordaba Michael
Turnheim, al decir que Nunberg "commence sa carrière de théoricien avec
deux articles, aujourd'hui plus ou moins oubliés, qui constituent un
premier témoignage d'une véritable "clinique sous transfert" de la
psychose. Il décrit les places successives qu'il occupe en tant
qu'analyste dans le délire d'un patient (...). Personne n'établira,
jusqu'à la "Question préliminaire" de Lacan, une liaison aussi étroite
entre le phénomène psychotique et l'échec de l'OEdipe (5)".

 

Una psicosis del tipo schreberiano

En el primero de estos dos artículos ("Sobre el ataque catatónico", 1920
(6)), Nunberg presenta una psicosis muy elaborada, más bien del lado
esquizofrénico, pero con aspectos paranoides bien marcados.

En 1930, Garma señala acertadamente su gran parecido con Schreber (7).
En efecto, al igual que Schreber, el paciente de Nunberg después del
"fin del mundo" va a repoblarlo de criaturas que suplen la carencia del
Nombre-del-Padre. Así es como tal como Nunberg resume el sentido del
sistema delirante: "Después del "crepúsculo del mundo"
("Weltuntergang") y regresión al vientre materno, el enfermo quiere
volver a establecer, por medio de su hermana, las relaciones libidinales
que antes había perdido. Luego del fracaso de esta tentativa, como para
él el mundo y el yo eran lo mismo, podía salvar al mundo por el camino
regresivo de la autofecundación y renacimiento. Al mismo tiempo se
transforma en mujer ("verwandelt sich der Kranke in ein Weib") y el
mundo sufre la misma transformación que el enfermo. Después de esta
transformación es el enfermo el único ser viviente, el solamente puede
llevar a cabo "la reproducción de la humanidad" ("die Fortpflanzung der
Menschheit") y empezar el "proceso transformativo". Para esto debe
llevar a cabo un "sacrificio" ("Dazu muss er ein 'Opfer' bringen") que
primeramente consiste en la castración y desfloración". Por tanto, igual
que en el caso Schreber, el tema de la castración aparece a cielo
abierto, es decir, en lo real.

Se trata de un hombre joven (32 años), que fue ingresado en el hospital
tras un pasaje al acto en el que intenta violar a su hermana. Nunberg lo
encuentra en espectacular estado catatónico de excitación, en el que
hablaba, como si diera diera un "sermón" sobre el amor celestial y la
salvación de la humanidad. El paciente mismo iba a redimir al mundo,
mediante sacrificios y la abstinencia a comer carne, pues él había
resuelto el problema de la vida eterna. A veces, interrumpía su
"sermón", quejándose de que, a veces, le sustraían sus pensamientos y
que se estaba siendo "quemado" en un fuego: "estaba en el infierno,
donde se comía carne de cadáveres humanos". Con esta versión de la
"cocina del diablo" schreberiana, el paciente se dirige a Nunberg dócil
a la posición subjetiva de aquel, es decir, sin forzar los fenómenos y
escuchándolo con atención.

Dos años antes de la enfermedad, el paciente se había detenido en Viena,
de camino a unas maniobras militares. Había ido a visitar a su hermana
mayor. Ésta no está casada. Su soledad y abandono despierta en él
"compasión" y decide mudarse a vivir con ella después de las prácticas
militares. También piensa que para ella es tan difícil encontrar un
marido como para él encontrar una esposa, a causa de "sus genitales
demasiado pequeños, feos y mutilados".

La palabra "matrimonio" es un enigma para él, es una palabra "mágica".
Tras el desencadenamiento, el paciente dirá que "al pasar a vivir con su
hermana, se cumplía un antiguo deseo de casarse con ella", y agregará:
"la magia se había realizado". A partir de aquí - señala Nunberg - se
abre la vía de la regresión hasta la megalomanía infantil. Tiene la
certeza de ser una personalidad invencible e irresistible. Empieza a
hacer gimnasia y agotadores ejercicios físicos para volverse un hombre
fuerte. Un día, en la apasionada práctica de estos ejercicios siente
"quemarse" en la región sacra (en alemán "ein Brennen im Kreuz": "una
quemadura en la cruz") y en la espalda. En uno de los ejercicios
respiratorios para "regenerar el oxígeno de su cuerpo" siente que algo
dentro de él "se rasgó" ("inwendig einen Riss"), lo que se amplia luego
a un agujero ("Loch") que localiza en la zona del ombligo. Tiene
entonces la sensación de que su sangre fluye afuera por dicho agujero.

A partir de ahí, el delirio deja a cielo abierto un saber en el que se
puede deducir la certeza que acompaña la relación del paciente con el
significante que surge en lo real: "quemarse" ("Brennens"). Si hablamos
de "inconsciente a cielo abierto" es precisamente para nombrar el pasaje
de la castración simbólica a lo real y que se traduce en la "muerte del
sujeto". Lo que en esta coyuntura vendrá a responder, a continuación,
son elementos significantes que aparece en el interior de la disolución
imaginaria, reordenados en cascada y haciendo borde alrededor de ese
agujero ("Loch")

 

La transformación

En efecto, en una primera fase, el paciente empieza a estar
completamente confuso, los días son obscuros, encuentra todo misterioso
y atroz, las personas le parecen salidas de la tumba. Si tomamos como
referencia el estadio del espejo en su relación con el significante
mortal, aquí tenemos "los muertos que salen de la tumba", y que él
atrae, y la relación del paciente con esas personas muertas en un mismo
destino: "él mismo está muerto".

El "crepúsculo del mundo" es correlativo a la fragmentación de su
identidad y sigue las líneas de la estructura significante, es decir,
siguiendo los desdoblamientos imaginarios. Al igual que Schreber y sus
"hombrecillos", al paciente de Nunberg la gente le parece de dos clases,
las reales, antes de 1917, y las otras "lánguidas como de un tiempo
anterior", treinta o cuarenta años antes. Los coches y carruajes también
se desdoblan. Las personas y los objetos se desvanecen.

Es precisamente en esta coyuntura cuando ataca a su hermana para
violarla. Interrogado sobre ello, el paciente aclara que "el mundo
estaba amenazado, la humanidad se extinguía y él tenía que salvar al
mundo, tenía que encargarse de la propagación de la humanidad".

Su delirio se despliega, pues, como una "teoría de la transformación"
("Verwandlungstheorie"). Igual que el personaje kafkiano, "Gregor
Samsa", las alucinaciones más angustiosas le amenazan con convertirlo
en un animal, en un gusano. Dicha teoría no se aplica solo a los seres
humanos sino a todas las criaturas vivientes, que atraviesan una
"migración" ("Wanderung"), cambiando sucesivamente a seres cada vez más
inferiores, hasta que se convierten en objetos inanimados como plantas,
minerales, barro y fango ("Kot", que significa también "estiércol",
"excrementos"). Esta metonimia "coprofágica", vacía de vida y desierta
de sentido no alcanza a reordenar su cuerpo. El paciente está tan
interesado por reordenar el mundo animado e inanimado como por reordenar
lo que ocurre en la transformaciones dentro de su aparato digestivo (de
ahí la importancia para él de lo anal).

En la psicosis, en el lugar del Otro no encontramos al padre, sino el
Ideal: el paciente tiene la misión de "revivir el mundo a través del
amor universal" y, en ese punto, "a veces tiene la certeza de ser Dios"
(momento de más fragmentación de su identidad).

Sus meditaciones sobre el origen del hombre parecen llegar a su fin
cuando consigue fundir la "teoría darwiniana" de la descendencia del
hombre con la "teoría hindú" sobre la transmigración de las almas. Se
cree capaz de cambiar el mundo, para lo cual debía "propagarse" y
mediante un sacrificio "redimirlo". El sacrificio tenía múltiples
significados: en primer lugar, morir como expiación por el crimen del
intento incesto; luego, dado que había disgustado del orden del universo
con su acto, esperaba con su sacrificio liberar y redimir al mundo como
el "Redentor" de la culpa. Nunberg describe con minuciosidad como en su
ideal de sacrificio actuaba dramáticamente lo que expresaba como idea
delirante: al hacerse daño en la región sacra representaba su muerte
"sacrificial", su "crucifixión" ("er bricht sich das Kreuz, wird
gekreuzigt"). Lo que en los ejercicios respiratorios sintió como
"quemarse en el sacro", durante el delirio, se eleva a la sensación de
"ser torturado y quemado en la cruz".

Realizar el ideal lo "descorporiza". En el clímax del delirio, el
paciente rechazaba el alimento: "si no comía alimento alguno comía su
propia carne" y se decía culpable de haber comido el amor de toda la
humanidad, de modo que "hacía un sacrificio y pagaba su deuda con la
humanidad". También pensaba que la comida se convertía en heces. Como
lo señala Nunberg: "En el "discurso de órgano" esquizofrénico defecar
significa "pagar una deuda", "hacer un sacrificio".

Aquí, es el "empuje a la mujer" lo que se despliega como consecuencia
lógica del delirio y como correlato de su idea de la regeneración
("Fortpflanzung").

 

Bajo transferencia

En un segundo articulo, ("El curso del conflicto libidinal en un caso de
esquizofrenia", 1921 (8)), Nunberg vuelve sobre este caso para dar cuenta
de los resultados del tratamiento. Al final, el trabajo de reconstruccion
delirante que el paciente dirige al analista logra reducir el delirio en un
fantasma de autorenacimiento. A lo largo del tratamiento Nunberg va
desgranando los diferentes lugares que la estructura del delirio le permite
ocupar como analista: como objeto homosexual, comom objeto perseguidor y,
finalmente, como ideal del yo.

Partiendo de la tesis freudiana segun la cual en la psicosis el objeto no
esta investido (no esta situado en el Otro y, por tanto, no adquiere valor
libidinal), Nunberg trata los distintos modos por los que el paciente
intenta recuperarlo: primero, con la ayuda del discurso, mas tarde, con la
ayuda de las identificaciones narcisistas y las pulsiones.

Nunberg da una descripcion muy detallada de los modos de retorno de un goce
que no se ha transformado en libido. En la lengua fundamental del paciente,
este goce real recibe el nombre de "teoria de la transformacion". Nunberg
se ve acompanando a un ser que no tiene intimidad, que esta expuesto a la
intemperie y siempre a la medida de la satisfaccion que el Otro reclama, y
va anotando minuciosamente sus "intentos para recobrar el objeto". Estos
intentos se hacen:
a) "con ayuda del lenguaje". Nunberg destaca que "durante el periodo en que
el paciente dirigio una parte de libido homosexual hacia mi, mientras los
objetos aun parecian escaparsele ("crepusculo del mundo"), hizo el
esfuerzo, en un primer tiempo, de agarrarse a mi por medio del lenguaje".
Es decir, "relataba espontaneamente todos sus pensamientos, recuerdos,
sentimientos y experiencias; estaba impaciente por verme aparecer y, tan
pronto entraba, relataba sus asociaciones sin esperar a ser preguntado".

¿Que efectos tiene esto? Logicamente, una vez introducido en el proceso de
las sesiones, el paciente tiene que encontrar una forma de sostenerse en
esa metonimia y, en la medida en que no tiene la metafora, se pierde en el
lenguaje. Otras cosas surgen como respuesta. Por ejemplo, se produce la
regresion. El paciente practicaba con las palabras "la magia" y afirmaba
que tanto el como Nunberg poseian medios diabolicos para conseguir la vida
eterna". Cree que Nunberg lo ha transformado en un "tipo joven", que con la
magia de los juegos de palabras, con la magia de los pensamientos "el era
rejuvenecido". Este era el "aspecto positivo" de la magia.

Pero la construccion de un lenguaje fundamental para dar un significado
alternativo y separado de un objeto tiene aspectos "negativos": por un
lado, las palabras eran magicas en el mismo sentido que tragaba saliva, es
decir, que tenian tanta sustancia como las cosas (el lenguaje es el primer
perseguidor: el paciente siente que la palabra se concretaba en la boca
como un cuerpo extrano, como la saliva); por otro lado, que hay un elemento
oculto (en la lengua fundamental la "magia" era llamada "la Kabala".

Es el "aspecto negativo de la magia" - como esctribe Nunberg -, el produce
el vuelco transferencial: el paciente zozobra y rehusa hablarle. Nunberg
asiste a una nitida manifestacion del automatismo mental, donde el opresor
invisible, el instigador, es el lenguaje: la palabra se concreta en su
boca, se convierte en un cuerpo extrano.

Esta alteracion de la totalidad del lenguaje, tributaria del hecho que toda
palabra se forma en el Otro, plantea la cuestion de saber como el Otro
paranoico puede ser compatible con el tratamiento psicoanalitico. Si para
el paciente el Otro ya lo sabe todo y es - como vamos a ve r-,
transparente, entonces esta transparencia sera el sintoma que prepare su
transformacion bajo transferencia, bajo la forma de "el psicoanalista ya lo
sabe todo".

b) Asi, pues -prosigue Nunberg- el paciente se ve empujado a intentar
recuperar el objeto: "con la ayuda de las identificaciones narcisistas, y
de los impulsos anales, agersivos y canibalisticos". En efecto, Nunberg
tiene que dar cuenta de la manera de las diversas formas que este sujeto
psicotico responde al "¿Que me quiere el Otro?". Empiezan a surgir impulsos
agresivos, de lucha y de devoracion, etc. que dan forma a la ereccion del
goce del Otro y que Nunberg situa como diversas formas de "lucha por el
objeto".

En las sesiones, Nunberg introduce un objeto que adquiere progresivamente
una gran importancia para el paciente: los cigarrillos. El paciente
demandaba cigarrillos y pedia cerillas (fuego) insistentemente pero
inmediatamente se sentia llevado a darle algo a cambio: "He pedido un luz a
useted tan a menudo...", "Alguna vez tendre que dar a luz por mi mismo". La
activacion de las fantasias principales del sujeto se organizan entorno a
"darse luz a si mismo", "consumir al analista", etc. Despues de esta fase
en la que el paciente "hubo consumido al analista, pasa a rechazarlo en la
realidad, rehusa los cigarrillos y a penas le habla": surge una confusion
respecto a la identidad del analista. Pero entonces comienzan a destacar
otros sintomas que dominaran el curso de la enfermadad por un tiempo,
sintomas que habian sido mas marcados durante el ataque y que eran ahora
visibles como huellas de ese periodo. Nunberg agrupa estos sintomas en dos
grupos: un transitivismo marcado y las ideas de ser danado.

El "delirio de transformacion" presuponia que todos los acontecimientos que
ocurrian en el mundo exterior tambien ocurrian en el paciente. El paciente
esta en un estado de confusion y por ello tiene que afirmarse con mas
fuerza al nivel del otro imaginario. Asi, el transitivismo que surge en
esta fase de reivindicacion paranoica ("No se si soy yo o usted") aparece
como defensa de la relacion especular, defensa yoica ante el Otro del que
esta a merced. Lo que Nunberg denomina transitivismo no es sino el
transitivismo que Lacan llama "de la mala intencion" y que da lugar, en
seguida, a un delirio de influencia ("al paciente le parecia que todos sus
pensamientos eran conocidos por otros"). Se trata de un periodo del
tratamiento muy dificil ("Temia cada uno de mis movimientos y me observaba
de cerca. Decia que toda la gente le influenciaba y que poderes invisibles
le dominaban"). Nunberg que no busca el resorte de la cura del lado de la
intrepretacion se mantiene en silencio y no responde a ninguna de las
solicitudes de detalles sobre "las influencias".

Tras esta fase en la que el paciente habia identificado al analista consigo
mismo, Nunberg subrraya de que modo la fase del transitivismo preparo el
camino hacia la proyeccion: "el mecanismo de proyeccion sirve asi a la
solucion del conflicto en muchos sentidos (...) parece ser una condicion
preliminar para la reconstruccion de la realidad que, de hecho, reaparecio,
acompanada por una correccion de algunas formas delirantes; ademas, sirvio
al intento de descargar el yo de la libido narcisista".

Finalmente, Nunberg describe como el proceso de recuperación fue más
allá de este punto, hasta una estabilización temporal organizada en
torno a una interpretación delirante de renacimiento. Con mucha agudeza,
Nunberg destaca el papel desempeñado en esta estabilización por una
serie de sueños referidos al periodo del desencadenamiento de la
psicosis. Son tres sueños que le permiten una interpretación de la
experiencia enigmática correlativa al desencadenamiento como un
renacimiento: "el renacimiento fue realizado en el ataque catatónico,
despues del ataque el paciente se sentía como si hubiera vuelto a nacer
("neugeboren")".

La transferencia resulta importante para entender su recuperación:
"Hemos visto -escribe Nunberg - que el proceso de recuperación pasó por
un largo periodo de preparación. Como el paciente había encontrado un
objeto en el médico (...) adoptó hacia mí la actitud de un niño
desvalido y me identificaba con su padre (...) De perseguidor me
convertí en médico que cura y en maestro ("Aus seinem Verfolger bin ich
zum heilenden Arzte und Lehrer geworden")." Tras la estabilización, en
la que "la recuperación del objeto y la restitución de la distancia
entre el sujeto y el yo fue restaurada", el paciente se vuelve menos
comunicativo y no quiere pensar en la enfermedad, temiendo volver a caer
en ella.

 

La inducción terapéutica

Es interesante que Nunberg tome la reticencia psicótica como equivalente
a la represión en la neurosis, y que para ello parta de la idea
freudiana de la formación del ideal del yo como condición de la
represión. Así, desde el punto de vista de la formación del ideal, puede
definirse el curso de la enfermedad como una búsqueda del ideal del yo.
El proceso siguió, como ya vimos, varias etapas:

1) Después de la separación parcial de la libido ("partiellen
Libidoablösung") el paciente encontró un objeto, en relación al cual
sentía impulsos homosexuales. Primero quiso tomar posesión de este
objeto por medio del lenguaje, más tarde por medio de impulsos
agresivos.

2) En la medida en que surgieron exigencias que se oponían a éstos
impulsos, no pudo conseguir su meta. Finalmente, el paciente lo logró
por medio de la identificación narcisista: el objeto fue incorporado en
el yo.

3) Como consecuencia de ello, durante un tiempo, hubo una pérdida
definitiva del objeto como tal y, más allá, una pérdida de las fronteras
del yo, de la orientación, etc. La acumulación de la libido en los
órganos aumentó incluso más. Sobrevino una proyección y se estableció
una distancia entre el sujeto y el objeto, siendo el objeto equipado con
los impulsos agresivos y sádicos del sujeto. Estos eran vividos de forma
masoquista e interpretados como daños.

4) Cuando las excitaciones de los organos disminuyeron, el objeto dejó
de ser sádico. Era identificado ahora con el padre, el paciente se
apoyaba cada vez más en el susbtituto paterno en una actitud pasiva.
Desde aquí volvió a una fijación sobre el padre. Desde este punto de
fijación, que ofrecía resistencia a una total separación de la libido,
comenzó la recuperación. La tendencia a recuperarse, sin embargo,
emanaba de la lucha por liberarse de la libido del yo contenida que,
psicológicamente, correspondía al deseo de recuperar el ideal del yo
infantil.

5) No obstante, dado que el paciente había encontrado el objeto al mismo
tiempo, abandonó una parte de este ideal del yo infantil narcisista en
favor del objeto.

En resúmen, sólo al final - "cuando hubo recuperado el objeto" -
encontró un ideal: "el paciente se volvió un hijo bueno y obediente, que
se sometía a la autoridad de su padre, pedía su protección, quería
convertirse en un miembro útil a la sociedad, cumplir con sus deberes,
etc.". A partir de ahí, no quiere hablar más del tema del incesto y de
la homosexualidad y solo le gustaba hablar de la fábrica, de como
realizaría su trabajo.

Verificamos, pues, que lo terapéutico fue inducido por medio de la
construcción de un mito mediante el cual el paciente halla una manera de
autointrepretarse, bajo un modo delirante. La convicción delirante al
final del proceso descrito por Nunberg es un intento de dar sentido a
las experiencias enigmaticas, a los fenómenos elementales que tuvo que
afrontar.

El caso de Nunberg es un verdadero testimonio de lo que Lacan llamará
"no retroceder ante la psicosis" y, por otra parte, nos obliga a poner
entre paréntesis el veredicto de inaccesibilidad de la psicosis en la
época freudiana.

 


1 - Freud (S.), Über einen autobiographisch beschriebenen Fall von
Paranoia, "Gesammelte Werke", VIII, S. Fischer, p. 240.
2 - Lacan (J.), "De la psychose paranoïaque dans ses rapports avec la
personnalité", Paris, Éditions du Seuil, 1975, p. 279-280.
3 - Tausk (V.), De la genèse de l'appareil à influencer au cours de la
schizophrénie, "OEuvres complètes", Paris, Payot, 1975.
4. Landauer (K.), "Die "passive" Technique", "Int. Zeitschrift für
Psych.", X, 1924, p. 415-423.
5. Turnheim (M.), "Herman Nunberg, 1884-1970", "Ornicar?", 41, Paris,
Navarin éditeur, 1987, p. 123-127.
6. Nunberg (H.), "Über den katatonishen Anfall", "Int. Zeitschrift für
Psych.", VI, 1920, p. 25-64.
7. Garma (A.), "Die Realität und das Es in der Schizophrenie", "Int.
Zeitschrift für Psych.", XVI, 1930, p. 183-199.
8. Nunberg (H.), "Der Verlauf des Libidokonfliktes in einem Falle von
Schizophrenie", "Int. Zeitschrift fur Psych.", VII, 1921, p. 301-346.